El Desván: cuando un espacio se convierte en lugar de encuentro

Hay espacios que, desde el primer momento en que los ves, te das cuenta que tienen una energía especial.
Cuando entré por primera vez en el desván de la casa, la estructura de madera del tejado quedaba completamente a la vista, la altura impresionaba y se respiraba una calma difícil de explicar.

La casa se compró para vivir en ella y no existía todavía Mendiburu como proyecto pero tenía ya entonces la intuición de que ese espacio no estaba destinado a convertirse en más habitaciones ni en una ampliación convencional de la vivienda. Era demasiado especial para eso.

Durante muchos años, el Desván no tuvo una finalidad clara. Fue, sencillamente, el lugar donde se guardaban cosas. Un espacio enorme —más de 180 m²— que acompañaba a la casa mientras esta iba encontrando su propio ritmo. Porque las casas que se habitan, como las personas, no se definen de golpe: se transforman con el tiempo.

Cuando Mendiburu llevaba ya ocho o nueve años funcionando como casa rural, empecé a ver con claridad su razón de ser. Un lugar de encuentro para grupos pequeños, para celebraciones muy especiales, para formaciones y procesos de crecimiento personal. Un espacio donde reunirse sin prisas, lejos del ruido y del protocolo.

Al entrar, la sensación es de apertura total. No hay divisiones ni paredes que fragmenten el espacio. La estructura de madera antigua, las columnas, la pared de piedra vista que te recibe de frente… Todo se muestra tal y como es. La iluminación artificial se ha trabajado con mucho cuidado para poner en valor esa estructura y acompañar el espacio sin invadirlo.

Pasar tiempo en el Desván transmite silencio, paz y recogimiento, pero también algo más difícil de explicar: una energía que invita al diálogo, a compartir, a estar presente. Quizá por eso, en estos años, lo han utilizado pequeñas empresas que buscan un lugar distinto para reunirse, formadoras y profesionales que trabajan proyectos de crecimiento personal.

El Desván también ha sido escenario de celebraciones familiares muy especiales, de showrooms de artesanos, charlas sobre temas de actualidad y presentaciones de libros.

Creo firmemente que es importante que existan espacios así: lugares rurales, accesibles, bien conectados, que permitan a personas y profesionales de distintos puntos vivir experiencias culturales, formativas o de bienestar sin necesidad de irse a lugares remotos.

Por eso sigo cuidando cada detalle del Desván. Porque el espacio no es neutro. Porque condiciona lo que ocurre dentro de él. Y porque, a veces, un lugar bien pensado puede ser el inicio de algo importante.