Retomar el hilo: mi aprendizaje de costura y nuestro compromiso con la sostenibilidad

En Mendiburu siempre hemos creído que la sostenibilidad no es solo una palabra bonita: es un gesto cotidiano, una forma de estar en el mundo. Y este 2026 he decidido dar un paso más en ese camino, uno que nace de un lugar profundamente personal.

Desde niña la costura me ha acompañado sin que yo fuera consciente. Era algo que hacía mi madre: siempre paciente, siempre hábil, siempre capaz de transformar una sábana estropeada en algo útil. Para ella, la reutilización era un acto natural: convertir toallas gastadas en trapos de limpieza, dar una segunda vida a retales transformándolos en delantales, bolsas para el pan o pequeñas maravillas para el hogar.

Para mí, era simplemente “lo que hacía mamá”.

Hoy mi madre convive con el Alzheimer, una enfermedad que le ha ido borrando recuerdos y habilidades… incluida esa magia que tenía entre las manos. Y yo he sentido la necesidad —y la ilusión— de tomar su testigo.

No sé coser. O no sabía, porque este año he decidido aprender. Quiero hacerlo por ella, por mí y por el compromiso que tenemos en Mendiburu con la reutilización y con el programa Cero Residuos de ANAPEH. Porque cada sábana que se rompe, cada toalla que ya no sirve, puede convertirse en algo nuevo y útil si sabemos mirar con otros ojos… o si sabemos coser.

Este enero he empezado clases en un pequeño taller de mi barrio. Me gusta apoyar el comercio local y me gusta aún más la compañía: un grupo de mujeres jubiladas que cosen, ríen, comparten historias y te enseñan casi sin querer. Estar con ellas es un regalo. Son pacientes, sabias, dulces y contundentes cuando hace falta. Y entre puntada y puntada aprendo muchas más cosas que costura.

 

Conmigo llevo el costurero que mi madre me regaló cuando me casé: tijeras, hilos, botones, un metro, una bolsita de alfileres que ella misma cosió… y una emoción enorme al abrirlo ahora y sentir que, de algún modo, ella sigue apuntalando mis pasos.
La máquina de coser que usaré en casa ya está preparada, y en Mendiburu tenemos varias máquinas antiguas que seguro reconoceréis porque me encanta enseñarlas en redes. Quizá dentro de unos meses pueda atreverme a usarlas para algo más que decoración.

Este es el comienzo de un aprendizaje que tenía muchas ganas de iniciar. Un aprendizaje que me conecta con mis raíces, con la artesanía, con la belleza de lo hecho a mano y con la filosofía de reducir, reutilizar y reparar. Estoy convencida de que cada puntada será también un pequeño gesto hacia un planeta y una casa más sostenibles.

Gracias por acompañarme en este camino.
Prometo compartir avances, torpezas, primeras creaciones y, sobre todo, ilusión.

Que 2026 sea, entre otras cosas, el año de tejer nuevas historias.